miércoles, 28 de noviembre de 2012

Escucho


Al buscar la guía divina, me dirijo a mi interior y presto atención a la presencia crística en mí. Cuando las oportunidades o los retos surjan, hago una pausa ... pregunto ... escucho ... y recibo una seguridad serena. Aunque mis respuestas vengan de varias maneras, reconozco el silbo apacible y delicado de Dios.
Estoy consciente de mis sentimientos e intuición. Cuando tengo la oportunidad de ayudar a alguien, busco ser un instrumento de paz y compasión. A menudo, el regalo más grande que puedo dar a alguien es escucharle de corazón. Deseo ser un canal por medio del cual Dios obra, y estoy dispuesto a ser una presencia amorosa. Estoy atento a la guía divina para saber qué decir o hacer.
Y todo el pueblo acudía a él por la mañana para oírlo en el Templo.—Lucas 21:38
 
-La Palabra Diaria.

martes, 27 de noviembre de 2012

Los Cinco Pasos de la Oración


La oración es vincularnos con Dios. En oración, creas un espacio sagrado en el cual comulgas con Dios. Utiliza el proceso de cinco pasos que te presentamos a continuación para que profundices tu vínculo con Dios, para que eleves tu conciencia de Dios en ti. Siente el poder de la oración.

Aquiétate
Aparta un momento para orar cada día. Comienza tu rato de quietud aquietando tu cuerpo y abriendo tu mente a una conciencia de Dios. Respira profundamente, consciente que estás en la presencia de Dios y de que esta Presencia está en ti. Deja ir tus inquietudes y ten fe en que todo está bien.
Concéntrate
Cierra los ojos y deja ir cualquier pensamiento del mundo a tu alrededor, comienza a pensar en Dios… acerca de Su presencia en tu vida. Centra tu mente en un pensamiento, una idea o un versículo bíblico que resuene contigo. Repite esta idea una y otra vez, bien sea en silencio o en voz alta, hasta que se convierta en tu único pensamiento.
Medita
Permite que este estado mental de concentración te lleve a una conciencia más profunda de Dios. “Estad quietos y conoced que yo soy Dios.” Permanece quieto a medida que comulgas con esta presencia divina en ti.
Date cuenta
Reconoce, desde lo más profundo de tu ser, de que eres uno con Dios. Permanece en este conocimiento, en esta comprensión a medida que sientes Su presencia sagrada, es una “comunión silenciosa del alma.” En este estado receptivo de mente y corazón, está atento a la inspiración de Dios, a las respuestas a tus oraciones.
Da gracias
Permite que la gratitud sea tu respuesta gozosa a esta experiencia de comunión con Dios y con Su bondad infinita. Da gracias por las bendiciones en tu vida, y muéstrate dispuesto a recibir tu bien.






Progreso


La práctica nos hace progresar.
Tratar de terminar un proyecto o adoptar un hábito nuevo y positivo puede causarme estrés. Quizás hasta desee “tirar la toalla”. Mas, para permanecer motivado, recuerdo: ¡Con la práctica se logra la perfección! O mejor todavía: ¡La práctica nos hace progresar!
En vez de tratar de ser perfecto, practico avanzar en la dirección correcta. Cada etapa de progreso es buena, aun cuando no logre la perfección. La afirmación: La práctica nos hace progresar, me mantiene motivado y me da la energía que necesito para seguir adelante. Continúo dando pasos pequeños, pero significativos, sin estrés o desánimo, y mi sentido de logro se acrecienta. ¡La práctica realmente nos hace progresar!
Pon tu cuidado y tu atención … para que todos puedan ver cómo adelantas.—1 Timoteo 4:15
 
-La Palabra Diaria.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Centro de Paz

 
En lo profundo de tu ser hay un lugar de una calma infinita al cual te puedes retirar de las preocupaciones del mundo, donde encuentras la seguridad de la presencia de Dios en tu vida y del poder de Dios para bendecirte.
 
Toma tiempo para encontrar este lugar. Haz tiempo, si es preciso, pero encuéntralo. El centro de paz yace en tu ser interior, aguardando el reconocimiento e invitándote a entrar a su calidez y amor.
 
Cuánto debía apreciar el Salmista este centro de paz. “Junto a aguas de reposo me pastoreará” (S. 23:2). “Meditad en vuestro corazón… y callad” (S. 23:2). “En paz me acostaré y asimismo dormiré” (S. 4:8). Estas palabras permanecen como un testimonio eterno de la calma en la cual todos nosotros estamos centrados.
 
En este lugar de quietud la falta de armonía cesa, la tristeza es eliminada y el odio es convertido en amor. Aquí, en este quieto lugar interno, Dios nos asegura: Paz, hijo mío. Estoy contigo siempre.
 
¿Cómo entramos a este centro de paz? ¿Cómo encontramos las aguas tranquilas internas?
 
Jesús dijo que “El reino de Dios está entre vosotros” (Lc. 17:21). No encontramos la paz en las cosas del mundo a nuestro alrededor. La encontramos solamente en nuestro interior, en lo más íntimo de nuestro ser. Buscarnos en lo externo es buscar en vano. Sólo en nuestro interior hay paz, o la esperanza de paz.
 
Cuando encontramos el centro de paz en nuestro interior, encontramos poder. Encontramos fortaleza para las actividades del día. Encontramos renovación de nuestros cuerpos y mentes. Encontramos sustancia para nuestro pan de cada día. Allí, en la quietud, comienzan las bendiciones de Dios, porque allí en la quietud está Dios, el dador de todos los regalos.
 
¿Dónde está la fuente de poder que ilumina tu luz eléctrica? ¿Está en el filamento que brilla cuando pasas el interruptor? No, la fuente no es el bombillo. Ni tampoco está en el interruptor ni en el cable.
 
Sigue el cable. ¿Encuentras la fuente de poder en los transformadores? No, no está allí. ¿La encuentras en las turbinas enormes en la base de la represa? No, tampoco está allí.
 
¿Está en el agua que cae, corre por las aberturas de la represa y hace funcionar las turbinas? No, ni siquiera en el agua que corre.
 
El agua que corre, las turbinas, los transformadores, los cables, el interruptor y el bombillo todos dan evidencia de poder. Pero, ¿dónde está el poder? ¿Qué causa toda la actividad eléctrica, desde la represa hasta tu bombillo, el cual ilumina tu habitación en la noche como que si fuera el mediodía?
 
Detrás de la represa hay un gran lago de aguas tranquilas. Aquí, en la quietud de las profundidades de este lago, está el poder. Sólo en la quietud hay poder.
 
En la paz y la calma de tu ser interno hay poder. A medida que entras a la quietud de tu alma por un rato cada día, encuentras todo el poder que necesitas para renovarte para las actividades que tienes por delante. Sigue esa línea de poder hasta su fuente. Entra a tu conciencia, a la quietud en el centro de tu ser.
 
Pasa el interruptor que apaga tu atención a las cosas de tu mundo externo. Entra, pasa por sobre los cables de preocupación por las situaciones cotidianas y déjalas atrás. Pasa a través del transformador de tu mente pensante que convierte las ideas divinas en proyectos humanos y déjala atrás. Pasa la gran represa y las turbinas de tu naturaleza emocional, donde las aguas comienzan a correr a la conciencia como pensamiento y sentimiento. Allí encuentras las aguas de reposo del Salmista.
 
Has encontrado la calma infinita, el centro de paz.
 
Aquí comulgas con tu Señor. Aquí eres renovado por las tareas del vivir que tienes por delante. Aquí encuentras tu sustancia y sustento diario. Aquí eres repuesto en el poder de Dios. Aquí recibes la seguridad de que toda necesidad es satisfecha.
 
Una vez que has encontrado este lugar de calma infinita en ti, confía, como la oveja confía en el pastor. Tu necesidad es la seguridad de Dios de satisfacción. Cuando hayas comulgado con Dios junto a aguas de reposo, continúa con tu vida, confiando en las promesas eternas de Dios.
 
Eres una creación de Dios y Dios es tu Creador. Confía en el amor de Dios por ti.
 
Visita a menudo el centro de paz interna.
 
Confía. Está en paz.

-Russell E. Smith

Curación


Con corazón receptivo al amor renovador de Dios, acepto mi curación ahora.
Soy saludable y fuerte porque estoy unido a la presencia sanadora y revitalizadora de Dios.
He sido creado a la imagen de Dios, bendecido con vigor y perfección.
El poder de Dios me sustenta y bendice con perfecta salud.
Tengo acceso inmediato al poder sanador de Dios en mí. Tengo salud y bienestar de mente, cuerpo y espíritu. En la quietud de Tu presencia, Dios, siento que Tu vida sanadora fluye en mí, trayendo paz a mi mente y energía a mi cuerpo.
Envuelto en Tu poderoso amor sanador, Dios, experimento salud y perfección de mente, cuerpo y emociones.
Gracias, Dios, por Tu vida sanadora que se encuentra en todas las células de mi ser, fortaleciéndome y restaurándome a perfección.
Querido Dios, Te entrego toda inquietud en cuanto a mi salud. Confío en que Tu amor sanador y Tu presencia dadora de vida me renuevan.
Querido Dios, estoy receptivo a Tu poder sanador. Tu luz y vida vigorizan cada célula de mi ser y siento agradecimiento.

Dejar ir

 
Dejo ir y permito que la vida divina se lleve a cabo por medio de mí.
La frase “dejar ir y dejar a Dios actuar” es más que una afirmación efectiva. Es un modo de vida. Cuando los problemas o los retos surgen, decido conscientemente verme en unidad con la vida divina. Dejo ir mi apego a un problema y doy paso a una solución espiritual. Así es como verdaderamente dejo ir y dejo a Dios actuar.
Dios vive en mí y fluye libremente por medio de mí —es mi camino hacia la libertad, la abundancia, la paz y la armonía. Si permito que el miedo, la duda o la frustración me asalten, entonces bloqueo el fluir de la vida de Dios. El dejar ir me vuelve receptivo al poder de la inspiración, la comprensión, la sabiduría y el amor. Vivo en unidad con Dios.
Para que Jehová, tu Dios, nos indique el camino por donde debemos ir y lo que debemos hacer.
—Jeremías 42:3
 
-La Palabra Diaria